O la penalización del aborto

En general los grupos pro aborto buscan alianzas con la comunidad científica, partidos políticos liberales y fuerzas de izquierdas no católicas y los anti aborto lo hacen con grupos católicos y religiosos, partidos políticos no liberales y de orientación cristiana, y empresarios conservadores, según el estudio Dinámica Política sobre el aborto en América Latina realizada por investigadores de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO).

Así las aguas se dividen entre grupos políticos laicos-profesionales pro aborto (movimientos de mujeres, organizaciones sociales y académicas, y grupos liberales) y católicos-conservadores anti aborto (Iglesia, empresarios y políticos conservadores).

El estudio además afirma que, según los análisis de opinión pública, las sociedades de la región son favorables a un cambio en la legislación de manera moderada en los casos en que esté en peligro la vida de la mujer o violación. Sin embargo, especifica que esta demanda no es atendida por los representantes políticos por el peso influyente de los actores que se oponen a una modificación.

También sostiene que estos actores conservadores tienen un gran peso financiero para evitar la pluralidad de voces en los medios que refleje el drama que viven 3,9 millones de mujeres latinoamericanas al realizarse abortos inseguros (La OMS afirma que estos son los realizados por personal no capacitado o en entornos sin recursos médicos e higiénicos mínimos).

Uno de los grupos de presión con mayor incidencia en la región son las distintas iglesias, que desde la religión han hecho de la penalización del aborto, su bandera de lucha. La Iglesia Católica en materia de “concepción”, prácticamente desde sus orígenes, ha defendido la teoría de la “animación”, postura ratificada en 1930 a través de la Encíclica “Casti Connubi”, proferida por el Papa Pío XII.

La “animación” hace referencia al momento en que el alma (ánima) se incorpora al ser humano, lo que según los católicos sucede cuando el óvulo es fecundado por el espermatozoide. Así las cosas, al existir desde la concepción un ser humano (dotado de alma), el embarazo al ser interrumpido, así sea por las “píldoras del día después”, constituye un pecado que algunos abogan porque sea considerado también delito.

La cruzada de la iglesia católica contra el aborto se vio claramente en la visita del papa a México, el pasado mes de marzo. Benedicto XVI realizó su primera visita oficial al país norteamericano, segundo feudo del catolicismo en el mundo después de Brasil, como una manifestación “a favor de la vida y la familia tradicional”.

Si bien la defensa de la vida tiene que asumir los resultados de esa otra cruzada asumida por el gobierno mexicano “contra el crimen organizado y el narcotráfico”, las mayores preocupaciones del jerarca de la iglesia católica parecen ser otras por el momento.

Benedicto XVI decidió no visitar la capital mexicana no como precaución frente a la altura, sino como protesta contra las “políticas liberales” impulsadas por el “gobierno izquierdista” de la ciudad. En concreto censura el papa la despenalización del aborto y la legalización de las uniones homosexuales.

Parece considerar el papa que los matrimonios entre gente del mismo sexo, son más graves que los abusos sexuales de sacerdotes como Marcel Maciel, fundador de la congregación de los Legionarios de Cristo, con cuyas víctimas no se quiso reunir el “Sumo Pontifice”

Fuentes oficiales del Vaticano han confirmado que su página web viene siendo “atacada” por parte de hackers. El grupo Anonymous, se atribuyó el “asedio” del sitio de internet de la “Santa Sede” (www.vatican.va), argumentando que lo hacen como protesta por “las doctrinas, las liturgias y los preceptos absurdos y anacrónicos que esa organización, la Iglesia Apostólica Romana, con ánimo de lucro propaga y difunde en el mundo entero”.

Recuerda Anonymous que la iglesia católica “ha ayudado a criminales nazis y protege a los clérigos pederastas”, al tiempo que rechaza los “frutos del progreso, como los preservativos, e intenta erradicar el aborto”.

Así en medios de cruzadas y guerras santas, a favor y en contra, los casi cuatro millones de mujeres que se ven obligadas a ejecutarse abortos inseguros, esperan que su vida tenga más peso que los intereses económicos, religiosos y políticos de quienes quieren dominar el mundo.

Investigación análisis365

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